domingo, 8 de agosto de 2010

INTELIGENCIA MORAL Y FUNCIÓN PÚBLICA

“Pregunta. ¿Cuál es la prioridad de la política de EE UU hacia Latinoamérica?
Respuesta. La corrupción, porque es el principal obstáculo para la democracia y el desarrollo económico. Pensamos que la lucha anticorrupción es tan importante que la hemos puesto como requisito para proveer ayuda. Ya no va a ser suficiente el nivel de pobreza. (Otto Reich - Jefe de la diplomacia de EE UU para Latinoamérica 2000-2004)”

Introducción

La entrevista (parte) con que inicio el presente, contiene un tema que fue y continúa siendo un lugar común del discurso público, válido no sólo para Latinoamérica, sino para todos los países del orbe.

En EEUU, a la fecha de la entrevista referida, se habían descubierto, procesado y sancionado casos de corrupción que, en solo una empresa (ENRON, WORLDCOM. etc.), su monto superaba largamente el calculado para el Perú durante una década (http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/business/newsid_2068000/2068441.stm). El problema de la corrupción exigía soluciones globales.

Dejemos, por ahora, el tema de la corrupción como un problema político, económico, social, jurídico. El objeto del presente es tratarlo desde una óptica distinta, un nuevo concepto: la inteligencia moral.

Howard Gardner presentó en 1983 su teoría sobre las inteligencias múltiples en el libro Frames of Mind: The Theory of Multiple Intelligences. La teoría de las inteligencias múltiples es un modelo en el que la inteligencia no es vista como algo unitario, que agrupa diferentes capacidades específicas con distinto nivel de generalidad, sino como un conjunto de inteligencias múltiples, distintas e independientes. La inteligencia es la "capacidad de resolver problemas o elaborar productos que sean valiosos en una o más culturas". Además, esto es algo muy importante, Gardner define la inteligencia como una capacidad, (puede ser aprehendida y aprendida) lo que hasta hace muy poco tiempo se consideraba algo innato e inamovible. Se nacía inteligente o no y la educación no podía cambiar ese hecho. Cada persona tiene, por lo menos, ocho inteligencias o habilidades cognoscitivas (musical, cinético-corporal, lógico-matemática, lingüística, espacial, interpersonal, intrapersonal y naturista).

Daniel Goleman, psicólogo estadounidense -en la línea de Gardner, en 1995 en su libro Emotional Intelligence trata una de las que él considera también inteligencia, aumentando la lista de las que posee el ser humano (también ha escrito sobre Inteligencia social y últimamente -2009- sobre Inteligencia ecológica).

La inteligencia moral* se define como “nuestra capacidad mental de determinar de qué manera los principios humanos universales, aquellos que se consideran la “regla de oro” deberían aplicarse a nuestros valores personales, metas y acciones”. No obstante, lo esencial no es distinguir el bien del mal sino la acción en consecuencia.

Inteligencia Moral y función Pública

El concepto función pública es utilizado para comprender a toda la línea del servicio público, conforme lo hace la Constitución Política de 1993: desde los Presidentes de los tres poderes clásicos, Jefes de los Organismos Constitucionales Autónomos y entidades públicas hasta el último peldaño del servicio público (con ello se obvia la diferencia entre funcionario - servidor público y la vieja, según algunos, dicotomía política- administración). El concepto de inteligencia moral es aplicable a todos.

La función Pública no puede encontrarse desligada del entorno en el cual se desenvuelve. El cúmulo de valores, metas u objetivos de carácter social, conductas o costumbres sociales influyen, sino determinan la actividad pública. Quien ejerce función Pública debe estar atento a ello.

Esa capacidad de vincular lo social o general con lo personal o individual se denomina inteligencia moral. “La inteligencia moral es nuestra capacidad mental de determinar de qué manera los principios humanos universales, aquellos que se consideran la “regla de oro” deberían aplicarse a nuestros valores personales, metas y acciones”. Una habilidad para diferenciar el bien del mal. No obstante, lo esencial no es distinguir el bien del mal sino la acción en consecuencia. Hacemos lo que sabemos que es correcto. La inteligencia moral desarrolla como principios la integridad, responsabilidad, compasión y perdón (en términos de tolerancia).

Cuando quien ejerce función pública expresa sus valores y creencias y genera una estrategia, visión y objetivos alineados con dichos valores, además, desarrolla una actitud coherente con todo ello, obtendrá como respuesta la confianza de quienes son conducidos por él y de aquellos a quienes va dirigido su servicio. En ese sentido existe relación entre moralidad y desempeño, aspecto que no debe obviarlo.

Tratándose de entidades públicas en donde el largo plazo es su común denominador, la ausencia de inteligencia moral las haría insostenibles. La inteligencia moral se convierte en un elemento fundamental para el desarrollo y sostenimiento de toda institución pública.

Coherente con ello, considerando que debe haber algo más elemental que la inteligencia emocional, debe establecerse una especie de “brújula moral” (Lennick y Kiel 2006 : 85). Partir del supuesto que todos tenemos talento innato para ser morales y que no obstante ello se requiere de esfuerzo para lograr convertirlo en competencias. Vale decir buscar que todos busquen “vivir en línea”:

Blog2

Al respecto, le quedaría al sector público las siguientes tareas pendientes:

- Definición de su infraestructura ética (políticas, normas, órganos, etc.)

- Capacitación. La inteligencia moral (algunos con mayor o menor talento innato) se aprehende y aprende con bastante esfuerzo.

- Investigaciones de mayor alcance para establecer (cuantitativamente, pues la exploración y descripción parecen ya hechas) la correlación: inteligencia moral vs. éxito (económico, personal, político, social, etc.), para hacer atractivo el concepto.

  • DOUG, Lennick y FRED Kail. Inteligencia Moral, cómo aumentar el nivel de desempeño en los negocios y el éxito en el liderazgo. Editorial Aguilar. 2006.

jueves, 29 de julio de 2010

“3.4. TIPOLOGÍAS DE LOS FUNCIONARIOS PÚBLICOS CORRUPTOS

Se pretende tipificar el comportamiento inmoral de los servidores públicos, teniendo en cuenta su proceder de acuerdo con la psicología moderna. Se trata de situaciones que por su naturaleza, le permiten a quien las practica mantener su imagen de persona honesta y en oportunidades permanecer en el anonimato. Son modalidades poco mencionadas por los estudiosos del tema .

¿Quiénes son propensos a realizar prácticas corruptas?

Hay funcionarios que son más propensos a la corrupción que otros, y esto obedece posiblemente a su debilidad por obtener poder y riqueza. Aquellas personas que ven en la vida un espacio para su propia realización no conciben ni por un momento llevar a cabo prácticas corruptas, su mente esta puesta en objetivos que van mas allá de acumulación de bienes o la ostentación del poder, son individuos altruistas, tienen nobles ideales.

Hay quienes aunque desean obtener bienes materiales, aspiran a ellos en forma moderada, desean vivir bien por su propio esfuerzo y mérito y buscan alternativas honestas, se conforman con tener lo suficiente para asegurar un futuro sin sobresaltos.

Los hay también que aunque desean riqueza, les mueve más el ansia de poder y están dispuestos a sacrificarlo todo en aras de su cometido, su accionar suele llegar a ser inmoral, porque no les interesa pisotear a quien se ponga en su camino.

Los Soñadores

Individuo que no tiene los pies pegados a la tierra y que aspira a tener poder y riqueza de una forma fácil y rápida, este tipo de personaje esta propenso a ser corruptible, es manipulable y cede fácilmente a las propuestas deshonestas que le representen beneficios económicos, llega a la vejez y sigue avivando esa llama esperanzadora de salir de la pobreza de la noche a la mañana. Algunos le apuestan al azar . De esta tipología se hablo en el tercer capítulo.

EL Conformista

Agradece el trabajo que tiene, sus aspiraciones no van más allá de cumplir con sus responsabilidades y sacar adelante su núcleo familiar, persona poco propensa a la corrupción, cuando alguien decide animarlo para que realice tales prácticas, se amilana, por momentos contempla la posibilidad pero al final la descarta y prefiere seguir como está. Hay casos en donde es confundido y convencido, pero en el momento de hacerlo se deja descubrir fácilmente y termina lamentándose de su torpeza. De esta tipología también se hablo anteriormente.

El Comediante

Es el funcionario cínico que sabe enredar perfectamente y utiliza las normas para convencer de su inocencia. Emplea muy bien términos y cita artículos en el momento apropiado, camufla su personalidad, se acomoda a las situaciones que se presenten. Se hace el mártir y pregona su honestidad a los cuatro vientos, dice ser persona integra y dedicada al ejercicio de sus funciones, de ¨ comportamiento ético a toda prueba¨. Son personas astutas, con ciertos dotes de oradores, de las cuales hay indicios de su falta de honestidad. Tienen argumentos para justificar sus acciones en un ¨marco de legalidad¨. Desafían a quien ó quienes los acusan y muestran protagonismo ante la opinión pública. En esta categoría se pueden incluir a algunos políticos y personas que tienen alta investidura en la estructura jerárquica del Estado. Cuentan con respaldo de algunos grupos políticos y económicos.

Tratar de descubrirlos es bastante dificultoso. Su posición es elevada. El tipo de delito que se les imputa es el de enriquecimiento ilícito, pero como no está lo suficientemente argumentado y su culpabilidad no alcanza a ser magnificada para apartarlo del cargo, entonces se crea incertidumbre en el ambiente, permitiendo generar sentimientos encontrados en la población.

A este tipo de personajes si no se les llega a imponer sanciones de ninguna índole, lo que resta esperar es que su conciencia sea su propio juez.

Son del tipo extrovertido, expansivo que en oportunidades suele ser simpático, de facultades intelectivas, seguro y sociable[1].

El Todo Sí

Este tipo de funcionario se compromete con particulares directa o indirectamente. No se niega a ningún tipo de acción dolosa, a todo le dice que sí, solicita dinero por anticipado para cumplir su cometido. Se cuida de no dejar huella de sus actuaciones, que no pasan de la receptación de dinero. No lleva a cabo ninguna acción, bien sea porque no tiene acceso directo a la información o aunque la tenga, no le interesa otra cosa que explotar al incauto que confió en él para que le solucionara algún tipo de problema. Cada vez que el interesado se acerca a conocer como va su caso, el funcionario le solicita dinero arguyendo dificultades. Este tipo de actuación se hace reiterativa, en cada entrevista que sostienen pide dinero cuidándose de no hacerse notar. Al final no soluciona nada y como no hay ningún indicio que lo comprometa, termina por abandonar la misión. Se trata de funcionario de rango medio y bajo de la pirámide.

Si llega a ser acusado tiene la seguridad de no ser descubierto porque no hay prueba alguna de sus actuaciones inmorales. Y por el contrario aduciendo su ¨honestidad¨, tilda de corrupto a quien se acercó a proponerle acciones indebidas.

La forma de hacer evidente su actuación corrupta, es por medio de seguimientos reiterativos, procurando encontrar un común denominador en su proceder. El tenderle una coartada suele ser una posibilidad para desenmascararlo, sin embargo, hay que ser cautelosos porque se trata de una persona habilidosa y sagaz que a la menor sospecha se pondría alertar cambiando de actitud.

El delito que se le puede achacar al ser evidenciadas sus actuaciones corruptas, es el cohecho, bien sea propio o impropio, también le es imputable el delito de concusión .

Se trata de individuos extrovertidos, simpáticos de inteligencia intuitiva, desconfiados.

El Mago

Es un procrastinador que no asume responsablemente las labores de su cargo. Recibe documentos para que se efectúe el trámite respectivo. De su oportuna actuación depende la prescripción de deudas, la recaudación oportuna de recursos, la actualización de información. Su comportamiento es el de recibir todo lo que se le entregue y acumularlo. Casi nunca da solución oportuna a los problemas, tan solo vuelve a saber de ellos cuando ha pasado mucho tiempo y se han generado conflictos que obligan el análisis respectivo. Su actitud inmoral se presenta en el momento que evidencia por cuenta propia y de manera accidental hechos que ocasionan traumatismos, y aprovecha que nadie se ha percatado de su falta para proceder a desaparecer, ¨como por arte de magia¨, todo indicio que lo comprometa. Cuando se descubra el problema, el seguimiento será muy dificultoso y probablemente el funcionario no labore en la dependencia o la institución.

Este personaje, no dice no a nada, es despreocupado y distraído, extrovertido expansivo y altamente sociable. Tiene un pobre concepto del trabajo.

El delito estaría tipificado como prevaricato por omisión.

El adecuado seguimiento a las labores de los servidores públicos, permite que se reduzcan este tipo de acciones delictivos que atentan contra el buen nombre de las instituciones.

El Relacionista Público

Es el funcionario que para obtener beneficios económicos, se hace amigo de propietarios de empresarios, microempresas, pequeños comerciantes. Se presenta como funcionario público exhibiendo el documento que lo identifique como tal. Se gana su confianza, los ¨asesora¨ para que cumplan con sus obligaciones frente al Estado procurando que se vean poco afectadas sus finanzas . Al verse los resultados logra el aprecio de quien fue ayudado. Su acción corrupta surte su efecto en el momento en que a cambio de su colaboración, le dan obsequios, otorgan descuentos apreciables en la adquisición de mercancías, tiquetes de viajes, alojamientos, préstamos, invitaciones. Este tipo de actuaciones se presenta principalmente en entidades de carácter técnico, donde agilizar un trámite es vital para quien obtiene el beneficio. La gratitud es de tal magnitud que es incondicional la retribución de los favores. En oportunidades se involucran con la familia de quien fuese un perfecto desconocido. Son tratados con admiración y respeto.

Personas que posee un don de gentes y simpatía, extrovertido, expresivo, alegre y hasta folklórico.

El delito que se puede tipificar para este caso, es el de tráfico de influencias para obtener favor de servidor público. Porque el particular se compromete a presentar al funcionario público a alguien de su confianza, que requiera los servicios de éste, de lo cual todos obtienen algún beneficio. Para el funcionario se ajustaría el delito de prevaricato por asesoramiento ilegal.

Se puede descubrir en el momento en que alguien que decida seguirle el juego, acumule pruebas que permitan ponerlo en evidencia. Sin embargo, es poco probable que esto suceda, porque quien lo busca para pedir ayuda y la consigue del funcionario tiene sentimientos de gratitud que se hace extensivo y le permite al funcionario reputación de ser una excelente persona. Si se le hace seguimiento es posible llegar a desenmascararlo.

El exterminador

La acción inmoral de este funcionario, es la de destruír los elementos de trabajo que la institución adquiere para la realización de las actividades; es un inconsciente que gasta en exceso papelería y deteriora ó destruye máquinas, escritorios, sillas, cosedoras, calculadoras. Es prácticamente un ¨exterminador¨. En oportunidades se lleva los elementos de trabajo para la casa. Se puede suponer que si realiza tal acción, también podría apropiarse de elementos de mayor valor. Se ha visto en oportunidades que desaparecen los elementos de trabajo y nadie se hace responsable.

Se trata de un ¨delincuente menor¨, que va de oficina en oficina sin que nadie se percate de su presencia con la idea de apropiarse de algo. Sus acciones suelen ser esporádicas y no dejan el menor asomo del culpable. Como se trata por lo general de pérdidas de baja cuantía, no se hace investigación. Lo cierto es que de vez en cuando se presenta pérdida de dinero que es extraído de escritorios, bolsos, sacos, la pérdida de documentos, los cuales nunca aparecen.

Es imprescindible que se tomen medidas de control en las oficinas públicas, se expongan en lugar visible las sanciones en que incurren quienes llevan a cabo tales actuaciones. Se espera que quien considere realizar alguna acción ilícita lo piense dos veces.”

Blog1

(Fuente)


[1] Rodríguez lozano, Frade Perdomo y Albelo Martín.. Ética y Moral Comunitaria . La Apertura de la Persona a los Demás. 1982, p. 12.